Corrupción Política

Con frecuencia el común de las personas expresa que en la actividad política existe mucha corrupción. En verdad ella existe, pero no es exclusiva de nuestro país, ni de la América sino que sucede en todos los países del mundo en general. Es frecuente observar al lado de exitosos políticos, como algunos de ellos están envueltos en actividades ilícitas. Es larga, casi interminable, la lista de aquellos políticos que exhiben en su foja formidables hazañas junto a un alto grado de corrupción.

Con frecuencia el común de las personas expresa que en la actividad política existe mucha corrupción. En verdad ella existe, pero no es exclusiva de nuestro país, ni de la América sino que sucede en todos los países del mundo en general. Es frecuente observar al lado de exitosos políticos, como algunos de ellos están envueltos en actividades ilícitas. Es larga, casi interminable, la lista de aquellos políticos que exhiben en su foja formidables hazañas junto a un alto grado de corrupción. 

El famoso político y estadista francés Charles Maurice de Talleyrand, el artífice de la paz post napoleónica, recibía "contribuciones", de casi todas las cortes europeas. La clase política japonesa que llevo a su país al cenit a través de las décadas de la postguerra, no pudo eludir las más graves pruebas de corrupción financiera y hasta sexual. El famoso político italiano de los últimos años y quien fuera primer ministro de ese país, Silvio Berlusconi, está pagando una sanción por actos de corrupción financiera y sexual. 
Cuando las personas piensan que los políticos son, por definición, corruptos, generalizan, pero lamentablemente muchas veces se acercan a la verdad. La corrupción, se dice de varias maneras; no teniendo todas ellas el mismo alcance. Cuando el sociólogo alemán, Max Weber, pronuncio su famosa conferencia sobre "La política como vocación", distinguió entre el político "que vive para la política, del político que vive de la política", el primero siente una vocación. El segundo aprovecha la ocasión. 
Pero incluso el primero no está exento de desvíos morales. Imaginemos los ejemplos más altos que se conocen de políticos con vocación ¿A quienes pudiéramos citar en esta selecta lista? ¿A Wiston Churchill el de sangre, sudor y lagrimas? ¿A Charles de Gallue? ¿A Lech Wallace? ¿Nelson Mandela? ¿Podrá creerse que estos hombres no han tenido que ceder alguna vez lo que no se debía ceder? Aún el fin más noble, requiere a veces la utilización de medios crueles, desde otro ángulo execrable. Como lo advirtió en su tiempo el famoso Nicolás Maquiavelo, la política no es para hipersensibles morales. 
En el momento en que se escoge un medio cuestionable en post de un fin loable, hasta el político vocacional camina al borde de la corrupción. Si queda del lado de acá, diremos como expreso Jacques Maritain, que el político tiene un código moral específico, distinto del de los demás mortales. La tentación del político con vocación, es excederse en el empleo de los medios. 
El político sin vocación no tiene en cambio, ninguna tentación: Su vida misma consiste en usar de la política como un medio para sus propios y egoístas fines; en pocas palabras, para gozar del poder y enriquecerse. El político que vive para la política, ingresa en un tembladeral moral. El político que vive de la política, lo lleva dentro. Al juzgar a cada político en relación con la corrupción tendríamos que preguntarnos si llego a la política en post de algún ideal o si la tomo como un atajo en dirección de sus propias ambiciones sociales o financieras.

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