La montura de Atila


1 Las complicaciones sociales que sacuden el país no dan para respuestas irritadas, que con tan legítimas razones han hecho carne en la gran mayoría. Se habla de ingobernabilidad. El gobierno no sale del drama que lo agobia. Pero siendo así, los líderes tendrían –­supongo– que extraer con sesera fría las lógicas consecuencias. 
Las pasiones intensas alientan grandes causas pero si en ciertos momentos no se las controla pueden ser contraproducentes. Si la crisis que soportamos es tan profunda como indican las cifras y sienten bolsillos y estómagos, sus manifestaciones deben presentarse en muchos y variados escenarios.
Aunque provengan de la misma causa no pueden ser enfrentadas con la misma y única receta. Es lo que hace tan necesaria una dirección democrática capaz de racionalizar la respuesta, graduarla, situarla en el escenario correspondiente y apoyarse siempre en la Constitución.

 2 A veces se subestiman decisiones complicadas pero sin duda importantes como la del diálogo, sin preguntarse por qué el poder hace ruido para desvirtuarlo. ¿Será que le incomoda más de lo que está dispuesto a admitir? Peor todavía es presentarlo como una "trampa del gobierno" que la incauta oposición aceptaría sin más.

Como estas observaciones críticas han sido bien aclaradas, salta a la vista que la idea de dialogar es un instrumento de la democracia y una concesión, ojalá realista, de la autocracia, aunque se esfuerce en ocultarlo.
Sintiéndose observado por Unasur, el Vaticano y la opinión internacional, el gobierno insiste en que es la democracia la inclinada a levantarse de la mesa y no el submundo del fundamentalismo revolucionario.
3 El gobierno está allí por fuerza de la realidad. Subrayaría cinco factores: 80% exige diálogo; los Estados hemisféricos presionan; el descrédito mundial del gobierno, acusado por sistemáticas violaciones a los derechos humanos; la tenaz lucha de estudiantes y vecinos, difundida por las redes sociales desmiente las fábulas oficialistas; y último pero no por eso menos importante, hay sectores influyentes del chavismo que no quieren ocultar la peligrosa realidad.
Si el presidente Maduro no abre la economía y busca algún tipo de entendimiento, probablemente termine en la lona.
4 La Oposición tiene todas las razones del mundo para dialogar, sin dejar de defenderse de las agresiones y amenazas en todos los espacios. El diálogo es un canal para poner el descontento en discusión formal frente a calificados facilitadores.
Hay que ejercer esa responsabilidad sin confundir tenacidad con tozudez, sin salirse de la Constitución y sin olvidar que es la otra acera la que debe tomar la iniciativa. La crisis está en la gestión gubernamental, en los presos políticos, la represión, la imposición del pensamiento único en la educación, los colectivos armados e impunes, la agonía de la economía industrial y agrícola, las deplorables políticas monetarias y cambiarias y la desquiciada estrategia energética. Todo eso debe ser cambiado y es el gobierno quien ha de dar los primeros pasos.
5 Se entiende que se sienta incómodo, asediado por sus violentas contradicciones internas, y por eso, después de las dos primeras reuniones del diálogo ha sido presionado a debilitarlo, eso sí: tratando de trasladar a la oposición el costo.

6 El punto es quién se levanta primero. Si la oposición, que no tiene razón para hacerlo, o el gobierno que, resistiéndose a prodigar las concesiones elementales que se esperan de él, quisiera que fuera la delegación opositora la que pateara la mesa.
El fundamentalismo oficialista no soporta un intercambio revelador de las úlceras del modelo, pero tampoco quiere perder terreno frente a los facilitadores internacionales. ¿Se entiende por qué proliferan fantasiosas acusaciones acerca de terrorismo y golpes que nadie ve? Uribe, Fox, ¡bah!
7 Estoy seguro de que la Alternativa Democrática no caerá en la trampa, no se retirará, y en cambio desmantelará las zarandajas de los nerviosos voceros oficiales. No le costaría mucho porque, aparte de humo y escándalo, aquellos insisten en no aportar pruebas o indicios creíbles.

8 Es sintomático que en lugar de negociar en serio, los voceros oficialistas traten de ocultar debajo de una pesada alfombra la tragedia económico-social que han provocado. Esperan que el diálogo no vaya muy rápido y por el momento quisieran enturbiar responsabilidades.

Es incómodo decir siempre "no" a demandas razonables como la libertad de los presos políticos, para mencionar una bien emblemática. El señor Diosdado, enemigo de la zanahoria y amigo del palo, cree salirse del lance con una frase tan sonora como vacía: es la hora de la justicia no de la amnistía.
-¡Te la comiste!, estallarían en éxtasis los siempre listos áulicos.
Jactanciosos, claman: –¡Si no quieren diálogo, que se retiren ahora mismo! Es lo que quisieran ustedes, señores, pero en la otra acera como que no les paran bola. Cierto desdén es más efectivo que un concierto de gritos. Quien se siente seguro y con verdades de a puño no necesita dar alaridos.
9 Intranquilos, se amarran al despreciable crimen de Eliécer Otaiza como ayer al de Danilo Anderson, al final bajado del pedestal de los héroes, sabrán ellos por qué. Habían declarado que el homicidio de Otaiza sería obra del hampa común pero ahora exprimen sus restos, que ni mandados a hacer.
No persiguen culpables reales, prefieren los ficticios. Uribe, Fox, el imperio. ¡Bah!. Anexan una caótica lista de nombres que no investigan en serio porque saben que caso, no hay. Es la ominosa sinrazón autocrática. La alevosía cantando sin máscara.
Cuando el "siempre vencedor" Cipriano Castro dejó el mando, comentó un guasón:
¡Se fue Atila pero nos dejó su caballo!

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