Dialogar desde la intolerancia


Definitivamente en el gobierno da la impresión que se le tuviera miedo al diálogo e inclusive en algunos sectores de la oposición, producto quizás de una política en los últimos quince años, sustentada más en la confrontación y en la descalificación que en la cooperación y diálogo (por la confusión mental que significa confundir la política con la guerra).  De acuerdo a los creyentes en esta concepción bélica de la política, dialogar sería una debilidad y una claudicación, en el fondo es miedo así mismo y a sus seguidores. El sectarismo, la intransigencia y el tono duro sería la “actuación” que recomienda el sectarismo prepotente.

Por los lados de la oposición, el diálogo se asume pensando menos en los resultados y más en los efectos políticos en la opinión pública de oposición. En ambos sectores prevalecen las “cámaras”, espectáculos de aclamación los llama Habermas. Existiendo la urgencia de entenderse por la situación de crisis y desastre nacional que se está viviendo, fuertemente comprometida la gobernabilidad  y con total incertidumbre con respecto al futuro el dialogo luce inevitable, urgente y necesario, pero en el gobierno pareciera haber mucho miedo a entenderse y de allí esa percepción  de ceguera y sordera en las alturas del poder, de allí la impresión de percibirlos como “pobre en recursos, parco en sus métodos, monótonos en las tácticas que utiliza, incapaz de invención” como diría M. Foucault.
Dialogar, negociar, entenderse, es vital en cualquier circunstancia y en tiempos de crisis e ingobernabilidad, necesario e imprescindible y de hecho la política no es otra cosa. La política y el político se crecen y se justifican en el diálogo constructivo, en función del bien general o bien común.  El poder sectario y hegemónico niega la política y siempre terminan en dictaduras y sistemas totalitarios, en donde política y libertad dejan de existir.
Como dice Daniel Innerarty “con amigos dentro y enemigos fuera no se hace casi nada en política; nunca han dado lugar a algo duradero las integridades inmaculadas que nadie puede compartir; las patrias donde no pueden convivir los diferentes o los valores que solo sirven para agredir”.

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