Golpismo y mentira


Desde hace tiempo, el actual régimen se arroga el papel de víctima en cada problema concreto de la nación, bien sea delante de un cimbronazo en materia económica, frente a los escándalos de corrupción o protestas estudiantiles. Lejos de aceptar responsabilidad alguna, vive inventando conspiraciones para disimular sus errores y para justificar sus crecientes abusos de poder y violación de la Constitución y leyes de la República.

Se recurre cada vez más a argumentos inverosímiles, tal y como que el mundo se nos cae encima con "la guerra económica" que, asegura, le ha declarado el empresariado venezolano en alianza con la oposición, cuando es Venezuela la que se viene cayendo del mundo en los últimos años y cuando las reservas de los bancos centrales de la región vienen creciendo en casi todos los países, mientras que aquí se desploman.
Como que la inseguridad es consecuencia de "las novelas", de una suerte de histeria colectiva a la cual son ajenos ellos -los gobernantes- o tanto que la inflación, escasez de los productos de la vida diaria, desabastecimiento y devaluación del bolívar son maniobras de la oposición y de empresarios "golpistas".
La arremetida brutal contra una marcha estudiantil pacífica, donde murieron tres personas y hubo decenas de jóvenes heridos y detenidos; declaraciones de prohibición, de negación de un derecho humano como las manifestadas por el presidente de Conatel de sancionar a los medios que difundieran imágenes de las protestas estudiantiles del 12 de febrero en contra del gobierno, junto a la medida de sacar del aire al canal de noticias colombiano NTN24, constituyen una gravísima desviación autoritaria. En el fondo, un cúmulo de poder expresado más allá de todo límite.
La costumbre de tildar de "golpistas" desde el gobierno a quienes critican, se oponen a sus políticas o cívicamente buscan poner límites a los abusos de poder, ejemplo, la orden de captura del dirigente político Leopoldo López, quien se entregó y hoy es objeto de acusaciones sin base, tanto como el allanamiento a la sede de Voluntad Popular y la violación de un precepto constitucional: la inmunidad parlamentaria, por integrantes de la Guardia Nacional Bolivariana, a diputados de la oposición se relacionan -y mucho- con la típica tendencia de los gobiernos despóticos a victimizarse. Esa actitud esconde una detestable y vil persecución, una perversa intención de cercenar o segar las libertades civiles y políticas en Venezuela.
La iniciativa mediante la cual interviene el gobierno directamente para que se niegue el papel prensa, anticipa nuevos desvíos hacia una política de Estado que habla a las claras de que el único proyecto golpista es el que encarnaría el mismo gobierno para poder avanzar sobre la prensa independiente, pasando por encima de cualquier garantía constitucional y violentando el derecho a informar.
Ni siquiera puede decirse que se trata de un proyecto de país; apenas pasa por consolidar un proyecto de poder que el gobierno no dudará en seguir cimentando, avanzando hacia un auténtico esquema totalitario cuando encuentre obstáculos en el camino. ¿No se repite la historia en la sordidez de la agresión al ser humano cambiando de personajes y circunstancias?


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