La tragedia nacional


Han transcurrido 15 años, en que un grupo de fascinerosos le dijeron al país que llegaban al poder para construir una patria en la que todos tuviéramos oportunidad de crecer con un Gobierno que reivindicaría la fe del venezolano en su sistema democrático, muy cuestionado entonces. 


Se nos ofreció una revolución que impulsaría al país hacia su desarrollo y robustez económica, con respeto a los libertades, a los derechos humanos, al estado de derecho, a la autonomía e independencia de los poderes, al acceso de todos al goce y disfrute de la riqueza nacional y en fin, tantas e interminables promesas hemos escuchado todos estos años que hoy podemos afirmar que nuestro país no es ahora ni remotamente el anterior ni mucho menos el prometido.
Somos una caricatura de nación, con una crisis de proporciones alarmantes, dividido y enfrentado, sin rumbo, con un Gobierno ignorante, incompetente y desastroso que todo lo hace mal y que se encuentra prácticamente quebrado, super endeudado, siendo responsable de la escasez de alimentos y de la debacle de todo el proceso industrial, que se apoderó de todo lo relativo a la vida nacional sin poder resolver las demandas de los ciudadanos.
Estamos ante una revolución que como otras ha sido un megafracaso al igual que la rusa y la china, que ahora son imperios capitalistas que compiten por el control por los mercados del mundo con los Estados Unidos. Esta revolución de los Carujos que traicionaron la fe de un pueblo y han dedicado el tiempo en ejercicio del poder a destruir al país, en sus aleteos finales continúa aferrada al oxígeno que ya no es ideológico, que le suministraban desde la Cuba de los delincuentes que la han sometido por más de 50 años, si no a la enseñanza y aplicabilidad de los métodos represivos que les han servido para tener en la miseria humana a sus pobladores.

Vivimos en un país que se niega a ser sometido y en el cual se implantó un apartheid en el que los ciudadanos no podemos acceder libremente a los dólares que percibimos por el petróleo para atender nuestras necesidades individuales o empresariales, así como tampoco lo tenemos para acceder a una justicia independiente y proba o a la adquisición de los alimentos, a salir y entrar del país sin que tengamos obstáculos que vencer y saber cómo nuestros compatriotas en el exterior son sometidos a la represión de no recibir las remesas que les faciliten tener una vida menos apremiante.
En fin, han sido 15 años de una gran tragedia nacional, una mascarada que no podrá ser indefinida y la cual en el momento menos esperado, caerá.

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