Enorme fracaso


Un hecho que no se puede negar es el enorme fracaso de la gestión gubernamental de Chávez, fracaso agudizado por Nicolás Maduro y que se ha prolongado por 15 años, con intenciones de perpetuarse. La incapacidad de éste no le permite ver la magnitud de la crisis nacional.

Él y la camarilla gobernante no encuentran qué hacer con el país, no saben cómo hacerle frente a la crisis y esa indecisión e incapacidad no hace sino agravarla. Por eso lo más fácil para él fue acudir a la represión de la protesta que crece día a día utilizando a organismos de seguridad y bandas armadas, a la tortura de los detenidos, al secuestro y a las detenciones ilegales, y la constitución también ilegal de tribunales penales para castigar a la disidencia, violando de manera flagrante los más elementales derechos humanos y la propia Constitución vigente.
Mal camino el de la violencia que ha asumido la camarilla militar-civil. Hubo quienes pensaron en la posibilidad de un diálogo pero la carencia de políticas y el predominio militarista de este régimen lo hacen incontrastable con cualquier diálogo democrático. De esta manera la situación política se hace más tensa y cualquier solución que se quiera alcanzar pasa por cambiar de gobierno y de régimen.
Toda esta represión desproporcionada es la forma como el régimen enfrenta a la resistencia juvenil que ha hecho gala, con heroicidad, de las tradiciones de anteriores generaciones estudiantiles.
Se puede decir que nació la generación del 2014 que ya tenía una referencia en la generación del 28 del siglo pasado, entre quienes destacan Gustavo Machado y Salvador de la Plaza.
Es el momento de tomar la calle, de darle direccionalidad y esa es la gran responsabilidad de quienes están al frente del movimiento. Esa dirección debe trazar un plan de acción con claros objetivos: unir lo más que se pueda, pues en la mayor unidad nacional está el éxito en una coyuntura como la que vive Venezuela en estos momentos.
La movilización estudiantil ha demostrado la fuerza indoblegable de la resistencia a una política que como hemos dicho fracasó. Al país hay que evitarle la violencia, ese no es el camino. Lo fundamental es encontrar las vías democráticas y pacíficas. Venezuela tiene salida y ella está en su unidad, en la lucha constitucional y democrática.
La bota militar es la que llama al país a la lucha, a la reconquista de la República civil y a la justicia social y la democracia. Abrirle a Venezuela una nueva etapa de su vida, y ésta no es otra que la democracia, la libertad, la justicia social, el Estado de Derecho, la Institucionalización del país, la reconstrucción de su aparato productivo bajo los postulados de economía mixta que traza la Carta Magna, el respeto al pluralismo.
Estos 15 años de fracaso que casi han destruido al país deben tener una respuesta y ella es la unidad, que permitirá abrirle a la nación las posibilidades de construir un régimen democrático.
En fin, ante este gran fracaso Venezuela tiene salidas y esas son las que debemos buscar. Nosotros basamos nuestro activismo en las tradiciones históricas venezolanas. Queremos un gobierno que gobierne para todos. Eso fue posible entre 1958 y 1998, no hay razones para que no volvamos a tener esas oportunidades. Tomemos en nuestras manos las experiencias de esas acciones cívico-militares en la lucha contra este gobierno fracasado.

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